Cuando era más pequeña tenía una amiga que siempre tenía un
motivo para estar de mal humor y tratar a los demás como trapos. Cuando no le había salido un grano, lo había
dejado con su novio, su abuela estaba enferma o había suspendido un
examen. Siempre había algo que
justificaba su actitud, y cuando alguien se la reprochaba, creía que el
socorrido “es que estoy pasando una pala etapa” y su estúpida carita de pena la
exculpaban de todo.
Con los años, conocí a más gente así, y hoy que me la he
vuelto a encontrar de casualidad por la calle, recordé que estoy hasta más
arriba de los cojones de este tipo de gente.
Que estoy hasta los huevos de las malas rachas del prójimo, hasta el
último pelo de la cabeza de los malos momentos de los histéricos de turno,
hasta arriba de esa falta de contención de los egoístas bipolares que luego
cuando tienen un buen día vienen a contarte su mierda de historias como si ayer no te hubiesen pegado el bufido
del siglo..
A ver, que putamalahostia tenemos todos, y lo fácil es
sacarla a pasear a la mínima, pero seamos serios… hay que saber con quien sí, con quien no, y
dónde nunca.